Danza para Al-Násir

1 de enero de 2013 § Deja un comentario


1. La despedida

-Papi, ¿qué significa Al-Násir?
-El guerrero. El que combate.

Al-Násir era el nombre del único caballo que logró tirar a Luis de la montura. Lo amaba más que a ninguno, quizás porque fue el único al que no pudo domar. Era un caballo negro de crin abundante y salvaje. Tenía algo de toro de lidia cuando agachaba la316656_10150295502158564_331271548_n cabeza y levantaba el polvo con su respiración furiosa. Era su primer purasangre de raza árabe, con ojos color de vino y galope suspendido.

Todo en Al-Násir era una danza. Parecía un gitano a punto de salir a bailar. Se levantaba en la tierra desafiando el viento que revolvía su frente, y la batía contenido, oscuro como la noche. Se adivinaba en él cierta tristeza como sólo un animal puede tenerla: la tristeza de los campos.

Al-Násir era una noche sin luna, una mezcla de pasodoble y canto sefardí. Era una soledad inmensa, como la de un pájaro herido que canta por última vez en medio de la sierra. Por eso, Mari Cruz le hizo esta canción: Danza para Al-Násir.

Max Klinger - Huída

Max Klinger – Huída

Pero la belleza que le bullía dentro era tan cruda que lo arrastraba confundiéndolo como un huracán. Su rebeldía se convirtió en un verdugo y, cuando se vio encerrado, Al-Násir se destrozó las patas delanteras por un tic que adoptó dentro de la cuadra. Había algo en ese caballo que le recordaba a sí mismo, pero Luis tuvo que venderlo y nunca fue capaz de decirle adiós.

Ésa era la forma que tenía de no darse por vencido. Creía que al no decir adiós, quedaba siempre una puerta tensada hacia el pasado por la que volver. Por eso, tampoco él quería despedirse de la vida y durante sus tres años de cáncer, nunca me dijo que estaba enfermo.

-Papá estoy en Málaga, ¿quieres que vaya a verte?
-¡Sí! ¡Ven! ¡Ven a verme! Macu, estoy muy malito, pero no te asustes porque yo no me asusto.
(Y no noté tus lágrimas)

Josep Cusachs i Cusachs - Caballo

Josep Cusachs i Cusachs – Caballo

Pero sólo en las novelas coinciden los finales con las despedidas. En la realidad, la muerte siempre deja “a medias” a la vida, segándola mientras uno piensa en otras cosas.

Al día siguiente, una mañana llena de sol del diecisiete de febrero del año dos mil cinco, Luis murió, o mejor dicho, se fue a las estrellas. Y como la ausencia ilumina lo perdido, ahora emprendo el camino de conocer lo que se fue, para darle un sentido a su historia interrumpida. Por eso hoy, día veinte de febrero del año dos mil ocho, tres años después de su muerte, me siento en mi escritorio para contaros la historia de su vida.

Primer capítulo de la novela Danza para Al-Násir.

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