La inmortalidad

25 de febrero de 2015 § 1 comentario


Durante muchos años creí que mi padre era inmortal: nunca se había hecho una herida, podía matar una serpiente con un palo, conducía durante horas con una sola mano y se curaba de cualquier enfermedad con una aspirina.

Wilma Hurskainen - Whiskers

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Su inmortalidad sólo se veía amenazada por el paso del tiempo. Por eso, su cumpleaños era un día muy difícil para mí: nunca entendí por qué debíamos celebrar que fuera un año más viejo. Para colmo, los que lo felicitaban le decían con aires de buenos samaritanos que cumpliera “muchos más”. ¿No podían desearle que se quedara para siempre con 43?

Yo sabía que ser mayor implicaba ser pesimista sobre las cosas del mundo, pero me irritaba ver el empeño que tenían los adultos en ser pesimistas también con los deseos.

Para retrasar la llegada de su vejez, yo me acercaba sigilosamente a su cabeza cuando dormía la siesta y le arrancaba alguna de sus canas. Sólo podía quitarle una cada vez porque, obviamente, el dolor lo despertaba. Y tenía que dejar pasar unos días entre cana y cana porque si no, me regañaba. Pero en pocos meses podría dejarle la cabeza completamente joven de nuevo y así, quizás, evitaría que alcanzara la edad de un abuelo.

Pero una noche helada de marzo comprendí que aquel hombre no era inmortal cuando lo vi llorar por la muerte de su yegua. Al comprobar que el cólico no tenía remedio, Luis, convertido en una sombra sin gesto, rellenó la jeringuilla con una dosis mortal. La acarició, le susurró algo que no pude escuchar y esperó a que se derrumbara como un piano sobre el impasible suelo. Se arrodilló junto a ella, aún caliente, y pasó la mano por su sudoroso pecho llorando como un niño. En ese momento, una bocanada de viento detuvo mi cuerpo y entendí que, si él también lloraba, sería inevitablemente víctima del tiempo.

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§ Una respuesta a La inmortalidad

  • José L. Pajuelo dice:

    Yo creía que mi padre era como un Dios, hasta que un día cuando dejé de ser un niño me……Todo se rompe, todo se muere, menos el alma

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