Escena

21 de abril de 2015 § Deja un comentario


Invitada: Brenda Ríos

Los sentimientos son acciones a las que nadie les dice para dónde ir ni cómo avanzar, sólo están en la inercia de un trampolín o un clavadista dispuesto a asomarse al precipicio para saber lo que le espera.

Alexandr Afonin (Chiz) - Day of Astronáutica

Alexandr Afonin (Chiz) – Day of Astronáutica

Eso pensé cuando lo vi –dos años después–. Sucedió como sucede todo: sin pensarlo. El tiempo se detiene, no hace frío ni calor, sólo está detenido. Nos concentramos en existir porque el otro absorbe con los ojos lo que tenemos de cuerpo.

Llegó al bar porque necesitaba usar el baño. Me vio en la entrada, saludó, conversó. Al despedirse me besó en la boca enfrente de mis amigos, como si nos hubiéramos visto desde hace meses, como amantes de años, como novios nuevos. No pude decir nada, y me quedé la noche entera pensando en cómo terminó todo, en que lo había olvidado. Hasta ahora. Cuánto nos une a alguien habernos visto desnudos un día. Es un vínculo para siempre, vínculo intacto.

No quise darle importancia porque no la tiene. Pero… su olor… Ese modo de abstraerme de mis amigos, de mí, de que nada importa más que este calor que sale de nuestra esfera. Dos cuerpos que se conocen, que se han visto.

Recuerdo: todo fue un desastre, una historia de acoso y decepción, ojos de cachorro moribundo. Debe ser eso. ¿Por qué no hago lo lógico y digo: «No. No me interesa»?. De nuevo: horror. Sé lo que es. Él es el mal, yo el bien. No es asunto de cuerpos sino de moral. La seducción. El juego. Lo inevitable. Lo predecible. «Mujer del mal», me dijo al despedirse. Él es el bien entonces.

Por qué, entonces, seguimos buscándonos como animales, que eso somos, animales que no pueden sentir. Oler, todo es oler. Y abstraernos de la autopista en reparación que es la cabeza. Ideas paradas. Es de noche allá arriba donde vive un inquilino con música a todo volumen.

Llamará la semana que entra y yo podré decir «No puedo. Trabajo. Reuniones. Asuntos de familia. No puedo. No quiero. No debo. No me interesa». Pero sé que no sucederá así. Iré donde me diga. Irá a donde diga. Y estaremos tan miserables, tan sucios, tan jodidos, que se nos olvidará que ya estuvimos aquí, que ya vivimos esto, que ya sabemos nuestro sabor, que nada es nuevo y todo duele.

Mientras, mientras, mientras, los ojos se abren como pasto que crece.

Si quieres leer más textos de Brenda Ríos, visita Los Inaudibles o DesdeCalleAlta25.

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