Detenerme

17 de marzo de 2016 § Deja un comentario


Tus pasos engullen como una lengua gris a las banquetas, y el asfalto se desliza bajo tus suelas en dirección contraria.

Puedo reconocer tu silueta a pesar de los años y a pesar de la distancia. Has caminado así siempre, desde todas las partes, de la mano del tiempo.

Carlos Tlakaelel

Carlos Tlakaelel

Te has entregado a él tirándote de espaldas como si el tiempo fuera un campo espeso de trigo.

Ahora vienes a verme como si cualquier cosa, como si nada.

Miras a lo lejos, hacia fuera, con una bandolera blanca cruzando tu pecho oscuro, y se detiene el viento a mi alrededor, tu cómplice y amigo.

Arrancas tus generosas zancadas sin esfuerzo galopando a cámara lenta, y las sombras, que antes eran cortantes y geométricas, empiezan a desdibujarse.

Las gotas de sudor perlan tu nariz mora, indígena y gitana. Tu pelo aguarda perezoso sobre tu espalda extendido, y se zarandea al ritmo de tus pasos.

Mientras te veo venir, los árboles van apagando el cuchicheo de sus hojas y, en el parque, la multitud se esparce sin sonido.

Caminas hacia mí con tus piernas arqueadas, varoniles, dejando atrás la distancia que nos separa, sin resistencia alguna y sin rencor.

Los árboles han enmudecido ya completamente y aguardan inmóviles retando con su eternidad el burdo pasar de los segundos.

Bebes a grandes tragos tu sed y el alimento, y entregas un sí como saludo.

Mis pensamientos, mis tareas y mis preocupaciones se me escurren por mi pelo y mi garganta. No se extinguen, ni agonizan, tan sólo se desplazan, y riegan despreocupadamente el suelo que las sorbe y las amansa.

Sólo estaremos aquí por un segundo eterno y nuestros ojos lo saben porque hoy somos más efímeros que nunca. Todo se ha detenido y, por fin, las cosas se suceden de una en una.

Tú sacas del morral un libro de poemas y empiezas a leer como si estuviéramos en un campo desierto a la luz de la luna. Los motores no existen. Las figuras se alejan con la niebla. Y la realidad que sale de tus labios se esparce por tu cuerpo y se derrama.

La noche y yo somos los únicos testigos de tu voz, que es la única cosa que ahora se desplaza, y yo miro pasar las sílabas delante de mis ojos, de una en una, separadas.

De repente, nada ocurre, sólo tú, yo y el arte que nos aísla de todo lo que no es él.

 

Anuncios

Etiquetado:, , , ,

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

¿Qué es esto?

Actualmente estás leyendo Detenerme en El arte es un juguete.

Meta

A %d blogueros les gusta esto: