Anticrítica de arte: Manifiesto Alegre

19 de septiembre de 2016 § Deja un comentario


El arte es amar y no saber a qué. Es amar en general.

13661808_10154234917668564_4874798022954783171_oTodo niño es un artista y todo artista es un niño. Si es viejo, se despoja de lo que sabe para dar algo que no conoce. No tiene receta, no sabe cómo le sale, pero tiene ritmo. No siempre le pasa y hay muchos farsantes.

El arte no copia, plagia, pero no sabe a quién. Es fruto de la imitación, pero no de cualquier imitación. El arte no pretende ser el mundo y es algo muy parecido a él. El arte es una caricia del mundo.

El arte surge sin querer, mientras uno hace otras cosas. El arte sucede más allá de uno, por encima, por detrás. El arte no se decide, llega y se instala.

El arte a veces duele y a veces sana. Nunca se sabe. El arte no es nada grande ni pomposo aunque a veces es grande y pomposo. Cuando el arte quiere decirlo todo, no dice nada. Y cuando no habla de sí mismo, luce.

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La lujuria y el arte

20 de octubre de 2012 § Deja un comentario


Anticrítica de arte

La palabra «lujuria», en latín «luxŭrĭa», es un derivado de «lujo» que, a su vez, procede de la palabra latina luxus, -ū, y quiere decir «vida voluptuosa, exuberancia, exceso».

El arte es un lujo, eso lo sabemos todos: los que no podemos vivir de él porque no nos llena el estómago y los que no lo pueden disfrutar porque tienen que llenar primero su estómago. El arte es la actividad que se ubica en los excesos. Pero esto no es ninguna novedad, todo el mundo sabe que los teatros y la ópera crecieron a la par que la nueva clase social de la Edad Moderna, la burguesía, que creó eso que hoy llamamos “ocio” y ubicó dentro de él a las artes escénicas.

Pero el arte nace también como un exceso. El arte puede crecer allí donde hay hambre y sequía, crece milagrosamente, a veces incluso más voluptuoso por la escasez que lo circunda. Sólo el arte puede crecer en medio de la nada.

Oswaldo Guayasamín – La espera número 7

Les contaré la historia que me hizo comprender esto que les cuento. Conocí a una pintora que era un genio, de esos que existen lo digan o no los libros, se publiquen o no sus obras, ahí están, ellos lo saben y algunos –pocos- de los que los rodean también. Esta pintora estaba loca, y su historia coincidió en muchas cosas con la imagen romántica del artista cuya locura es fruto de su extrema sensibilidad, cuya creatividad paga con la demencia y cuyas alucinaciones son visiones certeras del mañana.

Yo no sé si es esto cierto o no, aunque prefiero pensar lo que todo el mundo, que hay un poco de talento y un poco de trabajo combinados en los manjares de la creación. Me gusta opinar así, con este lugar común, con la sabiduría de muchos de mis prójimos.

Pero en cualquier caso, si la conexión entre locura y arte no fuera sino un mito, este mito la llevó directa a la tragedia. Ella mimaba y alimentaba esa locura como mimaba y alimentaba su arte, con la idea de que su sufrimiento era el precio de crear como un dios. Eso hizo que si en algún momento estuvo a tiempo de atisbar el abismo al que se asomaba, y tuvo responsabilidad sobre su suerte, se lanzó porque creyó ser ése el precio de ser dueña de lo bello. Pero llegó un momento en que la locura pudo más, no sólo que su arte sino que su propio cuerpo y pasó de ser un “lujo” a convertirse en un desierto.

Unos pocos días antes de despedirse definitivamente de mí, me confesó: si es que éste es el precio de la creación, yo hubiera preferido tener cáncer. Creía que una mariposa podía arrastrar una piedra atada a su cuerpo y que todas las leyes del mundo podían revertirse si la magia existía. Pero la realidad era que su locura la llevó a ser el más frágil de los humanos sobre los que se elevaba. Demente, en la residencia donde murió rodeada de dementes, pedir un poco más de pan en el desayuno era la prueba más difícil de su vida, estaba sola, apartada por un abismo de “los demás” a los que siempre despreció, la “gente” entre la que nunca quiso ni pudo camuflarse.

¿Es mejor no ser un dios y vivir libre? ¿Es la locura el precio del arte y la estupidez el precio de la libertad? ¿Qué es la libertad si se es estúpido? ¿Qué es el arte si se es esclavo? No sé, pero creo que una mariposa puede arrastrar una piedra atada a su cuerpo dentro de la imaginación y que éso es suficiente. Creo que la mejor creación que conocemos es nuestro propio cuerpo, su capacidad de integrar dentro de él las imágenes que están fuera, los sonidos y el aire, su capacidad de medir el ritmo, de alcanzar montañas o de alcanzar sólo unos metros, su fuerza para recordar, su valor para mirar a otros e integrarlos en su mundo, su incansable tenacidad para levantarse sobre el suelo cada día. Ésta es la mayor creación que existe y la disfrutan igual el genio que el vulgar, y la añoran igual cuando la pierden.

Pero he de contar también la parte de esta historia que me llevó a hablaros de la pintora. Ella pintó sus obras más bellas demente, rodeada de dementes en aquella residencia, y éso es sólo porque el arte y sólo el arte puede crecer en medio de la nada.

El arte y la imperfección

22 de junio de 2012 § Deja un comentario


Anticrítica de arte

Fernando Botero - La recámara

Fernando Botero – La recámara

En las obras de arte no existen los errores; en ellas, y sólo en ellas, todos los fallos son perfectos.

Cuando se es espectador de una obra de arte pueden aparecer ante nuestros ojos un millón de defectos. Uno puede ahondar en ellos, explicárselos en alto, pensar su razón de ser, justificarlos con el contexto o con la falta de contexto, y luego dar tres vueltas de campana, ponerse el paraguas en el brazo y peinarse los bigotes.

También, si uno está lo suficientemente frustrado, puede publicar sus “críticas” y así auto-investirse como el mismísimo Ojo-de-Dios.

Fernando Botero - Adán

Fernando Botero – Adán

Gracias a esta posibilidad que nos ofrece el gran teatro que es la vida, tenemos a los Críticos, unos personajes que suelen padecer de estreñimiento estético combinado con algún tipo de invalidez emocional y que hacen de su oficio, no su vocación, sino su curación: laxantes y muletas respectivamente.

Ellos son la policía de las élites estéticas -el Mercado en nuestro caso-: protegen a la norma de la revolución y, si triunfa la revolución, se cambian de bote y la convierten en norma. Dando la vida por sus amos al igual que toda policía, los Críticos defienden intereses ajenos sin saberlo, creyéndose que cumplen con una misión providencial.

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