Crónica de un vendedor de agua

7 de marzo de 2017 § Deja un comentario


El precio de la vida comunitaria

Muchos emigrantes sentimentales huimos de nuestros países porque cada vez se parecen más a esos cementerios militares estadounidenses: alineados, racionalizados, funcionales, anónimos, estructurados, supervisados, seguros y ahorradores. En ellos, como en la vida, el hecho de que cada elemento tenga un sentido (económico) ha provocado que su conjunto carezca de sentido (existencial), y no sabemos encontrar la salida a esta cárcel paradójica.

Quizá por eso, muchos emigrantes sentimentales nos enamoramos perdidamente de los países latinoamericanos, donde lo imprevisible es el pan de cada día, y la monotonía, un lejano cuento de hadas.

A veces desarrollamos una afección exageradamente benévola por cualquier cosa extraña que encontremos y nos convertimos en auténticos pánfilos, en el sentido más literal de la palabra: «amantes de todo». Seguir leyendo… 

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La comunidad ultramoderna

10 de diciembre de 2013 § Deja un comentario


Publicado en Replicante Revista Cultural

Para responder a la pregunta “¿quiénes somos?” ha hecho falta responder primero a la pregunta “¿quién es el Otro?”, y la respuesta no sólo ha supuesto el comienzo de nuestra propia definición, sino también de nuestra hermandad como grupo.

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Oswaldo Guayasamín – El grito

En los tiempos del primer hombre sedentario, la comunidad —un grupo formado por más de una familia— fue provechosa en todos los sentidos. Las comunidades premodernas estaban unidas por un conjunto complejo de elementos compartidos —la lengua, las creencias, las tradiciones—, y siempre circunscritas a un territorio que fungía como “frontera”.

Con la circunvalación del globo, la noción de circunscripción a un territorio adquirió un significado planetario y poco a poco las comunidades se fueron incorporando a un nuevo orden político, económico y social globalizado.

Por otra parte, la racionalización de las estructuras sociales se produce al unísono de su economización y todo aquello que puede cuestionarse puede también medirse y, por tanto, comprarse. Las nuevas fronteras territoriales de los Estados ya no se fundamentan tanto en una cultura compartida como en un interés económico-político común, siempre enfrentado a otros en la lucha por dominar terceros pueblos a lo largo y ancho del planeta.

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