Hasta siempre, Ana.

17 de noviembre de 2016 § Deja un comentario


 

En recuerdo de Ana Hernández. Descansa en paz. Acompaño en su sentimiento a Roberto, Pili, Robertín y Anuchi.

step0001Ana, estos días se ha asomado a nuestra tierra una luna muy grande como un queso. El cielo estuvo azul hiriente, y el sol ha calentado la tierra a la hora de comer. Los pajarillos han estado cantando, y en tu casita sembrada de amor y de trabajo las hojas de los árboles se han mecido por ti. Han llegado gorriones a picotear el césped y las estrellas de noviembre se han asomado temprano. Los caminitos del campo se han encogido al saber que nos estabas dejando y ha crecido en los cerros una pelusilla verde para acariciarte los pies cuando pases por allí.

Está desarropada la llanura, Ana, está temblando de escarcha porque se queda sin ti. No se quiere ir la noche, ni la luna esconderse. Las estrellas temblando con los ojos vidriosos no quieren entender la muerte ni aceptan brillar así. Nos hemos quedado huérfanos de todas las madres, sin la leña de todos los inviernos, despojados de todos los techos, en un exilio que nos mete en los huesos porque te fuiste temprano.

Madre irreductible de todos nosotros, lucero manchego, rebelde, brújula nuestras risas, fuente de un incansable cariño, amor en resistencia: te buscaremos dentro de nosotros e intentaremos aceptar la belleza del rocío ciudarrealeño sabiéndote arrepujada en nuestro pecho.

Ahora la luz de tus ojos forma parte de nuestro corazón y tu belleza hecha recuerdo está a salvo aquí. Seremos los guardianes de tu mundo, los defensores de tus sueños y los sembradores de tu amor.

Hemos aprendido, Ana.

Te damos las gracias.

Estaremos bien.

Descansa en paz.

 

 

 

 

Anuncios

Día de Muertos en España y México

2 de noviembre de 2016 § Deja un comentario


Dos formas de (re)vivir la pérdida

Un español que no ha visitado México no puede ser plenamente consciente de hasta qué punto en nuestra tierra la muerte es un tabú.

15-curiosidades-del-diademuertos

En España la muerte ha de vivirse en silencio, interiormente, sin grandes aspavientos. Cuando uno verdaderamente sufre ha de quedarse a solas con su recuerdo. Si muere un ser querido se viste uno con colores apagados, baja uno la vista al suelo, pierde la mirada, muestra la contención del llanto, acepta serio los sentidos pésames y los «te acompaño en el sentimiento». Da uno la mano, habla en voz baja, elimina todo ornamento. Aleja de sí la risa, que puede llegar a ser ofensiva en un contexto mortuorio, pero también la música, la alegría y los placeres del cuerpo.

En lo sucesivo, en el Día de Todos los Difuntos va uno a limpiar la tumba (si es que va), a poner unas flores a solas con su Dios (si es que lo tiene) y dedica unos minutos a sus muertos (si es que están en el cementerio). Pero si no, se queda en casa, porque «la procesión va por dentro», como si la exteriorización del dolor lo hiciera a uno sospechoso de hipocresía y falsedad, preso de la apariencia, pendiente del «qué dirán». Como si la puesta en escena del dolor interno fuera signo de falta de autenticidad y de verdadero afecto. Por eso ahora ya da igual si son incinerados o no, si los meten en tumbas o en nichos, si están en un lugar fijo o si han desperdigado las cenizas en un acantilado o bajo un almendro. En España hemos aprendido a quedarnos a solas con la muerte y vivir nuestro dolor en silencio.

Pero esta forma de hacer frente a la pérdida nada tiene que ver con la de México. Allí el Día de Muertos es un ritual y, por ello mismo, es exterior, material, visible y comunitario: un pretexto para consolidar «la vida juntos» de los vivos mientras se sanan las penas internas trayéndolas al cuerpo y a la tierra.

Seguir leyendo en Revista Replicante…

La violencia en el arte

14 de septiembre de 2016 § Deja un comentario


La violencia vende y mucho. Esto no es ninguna novedad.

foto1Al igual que el sexo, la violencia explícita capta las miradas de millones de personas de forma fácil y a menudo barata a través de los medios masivos de comunicación. La violencia es rentable y comercial y su intensidad se multiplica a una velocidad vertiginosa sobre las pantallas que cambian frente a nuestras retinas.

Nuestra «sensibilidad epidérmica», como la llamó Lipovetsky, impide que el impacto de aquello que se contempla deje una huella profunda en nosotros porque, antes de que hayamos podido asimilar la magnitud de lo percibido, ya hemos recibido cien imágenes más con escenas aún más terribles que nos han sido servidas entre medias de anuncios publicitarios de productos de limpieza, del pronóstico del tiempo o de los próximos estrenos cinematográficos.

Esto hace que las imágenes que aparecen en nuestros timelines tengan que ser cada vez más brutales para impactarnos y que estas escenas vayan a su vez anestesiando progresivamente nuestra capacidad de reacción, limando nuestro sensibilidad para ellas.

Seguir leyendo en Le Miau Noir.

¿Dónde estoy?

Actualmente estás explorando las entradas etiquetadas con Muerte en El arte es un juguete.

A %d blogueros les gusta esto: