La violencia en el arte

14 de septiembre de 2016 § Deja un comentario


La violencia vende y mucho. Esto no es ninguna novedad.

foto1Al igual que el sexo, la violencia explícita capta las miradas de millones de personas de forma fácil y a menudo barata a través de los medios masivos de comunicación. La violencia es rentable y comercial y su intensidad se multiplica a una velocidad vertiginosa sobre las pantallas que cambian frente a nuestras retinas.

Nuestra «sensibilidad epidérmica», como la llamó Lipovetsky, impide que el impacto de aquello que se contempla deje una huella profunda en nosotros porque, antes de que hayamos podido asimilar la magnitud de lo percibido, ya hemos recibido cien imágenes más con escenas aún más terribles que nos han sido servidas entre medias de anuncios publicitarios de productos de limpieza, del pronóstico del tiempo o de los próximos estrenos cinematográficos.

Esto hace que las imágenes que aparecen en nuestros timelines tengan que ser cada vez más brutales para impactarnos y que estas escenas vayan a su vez anestesiando progresivamente nuestra capacidad de reacción, limando nuestro sensibilidad para ellas.

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Poema sin título

3 de septiembre de 2016 § Deja un comentario


Invitado X

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Snowzilla – Tormenta de nieve – Chinatown

Una nevada. Contra una nevada guerrean los hombres:
no dejarán que ese blanco tesoro caído del cielo
les estropee los planes y tuerza sus predicciones.
Llevan ya tiempo siguiendo la flota de nubes cargadas
con su liviana amenaza en sus pantallitas brillantes,
vaticinando el día y la hora en que caiga la blanda
carga como una bomba sobre sus sagrados quehaceres.
Por sobre el globo revuela un enjambre de moscas curiosas,
como al redor de un mojón, registrando qué pasa en el suelo,
qué en el cielo, abierto abanico de ojos en vela.
    Nieva: las quitanieves ya asoman de sus madrigueras,
corren por los caminitos de pez esparciendo sus sales,
pan que alimenta la fe de que hoy hay mañana seguro,
migas que harán derretir la bendita blancura, blancura
que hubo podido acallar por un día la marabunta
de escarabajos rodantes, hacer descansar por un día
tanta pantalla locuaz, regalar un día vacío
de vaciedad escolar al futuro rey del Mañana,
para jugar con un juguete que él no ha pedido.
No: eso no puede ser, eso no es lo que exige el Progreso:
es menester que se cumpla el Gran Plan, el programa de siempre;
todo ha de ser como debe de ser. Y por eso trabajan
héroes que hacen que sea lo que era incierto que fuese,
para que vengan más héroes detrás degollando la duda,
hasta que de ella no quede ni rastro en la faz de la tierra.
    Nieva, y los hombres tiritan; mas ya no tiritan de frío.

Te levantas temprano

26 de julio de 2016 § 2 comentarios


Madrid, 18 de julio de 2016 - Macu Gavilán

Madrid, 18 de julio de 2016 – Macu Gavilán

Te levantas temprano porque hoy se acabaron tus vacaciones según tu jefa: tú. Ya está bien de dedicarse a la literatura mañana y tarde. Agosto ya está aquí y tienes que volver a la investigación, preparar un congreso, formatear tu tesis. Por eso te levantas temprano el lunes, cuando todavía hace fresco, porque le tienes miedo a julio y sus 38 grados. A partir de 35 grados, cada uno que sube no cuenta lo mismo que antes, sino el triple: de 25 a 26 grados de temperatura apenas hay diferencia, pero de 37 a 38 hay un abismo. Aún así, si sales a las nueve y el sol todavía no ha alcanzado el asfalto, estás a salvo. Y te vas al El secuestrador de besos” a tomarte el café y el pan con tomate y recibes una llamada que amenaza con joderte toda la mañana. Y te dices que no, que no te la ha jodido porque, en realidad, no ha pasado nada. Pero el caso es que una especie de araña se te ha instalado en las tripas y la belleza del día ha pasado a un segundo plano, ha cedido su protagonismo a una simple araña fea y peluda, y se ha revelado falsa y débil como un escenario de teatro cutre y pretencioso. Ni el pan con tomate, ni el café con hielo, ni el airecito que entra por el ventanal son ya lo que eran. Tu media hora de lectura literaria no consigue hacerte olvidar quién eres y dónde estás porque entras y sales a la casa del protagonista, lo ves lavar los baldosines sucios de mierda de la casa de su abuela y enseguida te ves a ti, con las hojas de tu libro llenas de migas duras del pan tostado, pensando en que una araña inquieta se te ha instalado en el estómago y que ésta es la mejor descripción que has encontrado para la sensación que tienes, lo cual es un alivio. Entonces te levantas porque es temprano aún y te vas a poder poner a trabajar. Y bajas la calle Embajadores y notas algo raro. Piensas que llevas el ceño fruncido mientras pasas por ese café donde siempre quieres entrar, pero nunca te atreves, aunque aminoras el paso mientras miras a la barra intentando acostumbrar tus ojos esa oscuridad. ¿Hay menos gente en la calle o qué pasa? ¿Es porque es julio? ¿Porque es fiesta? Piensas que quizá es tu araña del estómago y luego piensas que te dejes de arañas. Llegas a la calle de La Casa Encendida para meterte a la biblioteca y arreglar todo lo que se ha descolocado dentro de tus tripas a base de trabajo. Y cuando doblas la esquina piensas que lo peor que te podía pasar sería que estuviera cerrada, pero si abre en domingo, estaría abierta también en lunes, aunque fuera festivo. Y su portón marrón te responde un rotundo NO. La araña que llevas en el estómago se ríe señalándote. Joder. Así que te conformas con ir a La Infinito a trabajar como hacías en enero. Ahora han tapado los enchufes para los portátiles y así que los barbudos camareros no tienen que explicarte que es que tienen una fiesta privada y quizás te tengas que mover a la barra. Ahora tu café no puede ser eterno como antes: puede durar lo que dure tu batería: ¡qué elegancia! Y como la araña sigue en el estómago y la rutina se ha partido en dos, te pones a narrar.

¿Dónde estoy?

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