La violencia en el arte

14 de septiembre de 2016 § Deja un comentario


La violencia vende y mucho. Esto no es ninguna novedad.

foto1Al igual que el sexo, la violencia explícita capta las miradas de millones de personas de forma fácil y a menudo barata a través de los medios masivos de comunicación. La violencia es rentable y comercial y su intensidad se multiplica a una velocidad vertiginosa sobre las pantallas que cambian frente a nuestras retinas.

Nuestra «sensibilidad epidérmica», como la llamó Lipovetsky, impide que el impacto de aquello que se contempla deje una huella profunda en nosotros porque, antes de que hayamos podido asimilar la magnitud de lo percibido, ya hemos recibido cien imágenes más con escenas aún más terribles que nos han sido servidas entre medias de anuncios publicitarios de productos de limpieza, del pronóstico del tiempo o de los próximos estrenos cinematográficos.

Esto hace que las imágenes que aparecen en nuestros timelines tengan que ser cada vez más brutales para impactarnos y que estas escenas vayan a su vez anestesiando progresivamente nuestra capacidad de reacción, limando nuestro sensibilidad para ellas.

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El cuerpo humano: el lugar de la posibilidad infinita

20 de marzo de 2014 § Deja un comentario


Ilustración del siglo XV que explica cómo sacar dagas y espadas del cuerpo.

Ilustración del siglo XV que explica cómo sacar dagas y espadas del cuerpo.

No es de extrañar que la muerte de un ser vivo provoque un shock en las personas que la presencian, ni que éste sea aún más profundo si lo que se presencia es la muerte de un ser humano.

Efectivamente, es cuando contemplamos un cuerpo sin vida que nos damos cuenta con mayor nitidez de todo lo que significa la vida. Éste se nos presenta como una huella en la arena, un símbolo de todo aquello que tuvo lugar en él y desapareció. Un cuerpo sin vida nos convierte en testigos mudos de algo que sobrecoge universalmente: con la muerte nos damos cuenta de que es mucho lo que se va cuando se va la vida, como diría el filósofo Fuentes Ortega.

También es cierto que la vida misma es ya un enorme misterio cuya complejidad no deja descansar a la humanidad de su angustia por explicárselo, pero éste puede llegar a ser digerido por el común de los mortales e incluso pasar inadvertido la mayor parte de sus días. Sin embargo, cuando se topa con la muerte, ese misterio se hace presente de una forma ineludible hasta para el más simple de los humanos, y se levanta ante él como símbolo de su íntima proximidad con el resto de los hombres. En realidad, la muerte que nos une es algo que todavía no hemos sabido formular sino, quizás, tan sólo desde el arte.

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El dolor de los locos: un ensayo sobre México

10 de junio de 2012 § Deja un comentario


La locura – Odilon Redon

Dicen que sólo los niños y los locos ven con nuevos ojos las cosas de siempre, que sienten la punzada del dolor o la belleza como si fuera la primera vez que se presenta.

Sólo los locos se asombran de la luz de las farolas, de los cadáveres, del amor infinito de los perros, del milagro de vivir. Sólo a ellos se les vienen las lágrimas a la boca y el sudor a las palabras cada vez que ven violadas a las niñas, temerosas a las madres. Ellos sufren los amores baldíos de las canciones viejas. Ellos son los que miran, con sorpresa, el miedo de los secuestrados antes y después de su tortura, su falta de aire, su abismo. Ellos mueren asfixiados a su lado, tiemblan con las hijas que no llegan, se quedan huérfanos de padres y de hijos, y olvidan con demencia la cuenta de las noches en vela.

Las manos me tiemblan y se me atragantan las razones como corchos de botella, ¿estoy loco? ¿soy demente? Busco en derredor de este país tan lleno de espejismos, tan lleno de música y tan lleno de violencia, y veo que unos pocos destapan la voz de sus heridas: las madres, que ya no temen nada porque les arrancaron los vientres, las dejaron sin sed, las volvieron criaturas; y los locos, que sufren en los cuerpos ajenos una y otra vez cada día, sin descanso, como si fueran ellos mismos una tierra empapada de cadáveres, de visiones, una tierra que pudiera haber sido suelo para el maíz o la poesía, pero que, al contrario, fue elegida para sostener la muerte.

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